lunes, 7 de abril de 2014

El día que la música llegó a la luna

Un espacio que siempre me intrigó fue Studio54, espacio que durante varios años fue la embajada de la música disco en Nueva York. Era el club all inclusive. Para dejarse ver, drogarse, bailar. Todos querían entrar, pocos lo lograban.


El local había sido desde 1950 hasta mediados de los 70 el estudio de televisión y radio de la cadena CBS, pero el alquiler que pagaban era demasiado. De pronto aparecieron en escena dos extraños adinerados con la idea de montar un club: Steve Rubell y Ian Schrager. En menos de un año reformaron el teatro y las invitaciones para la gran noche inicial se enviaron a la élite de la música y el cine de Nueva YorkEra la época post-Vietnam, post- hippie y pre-sida y había tanta locura en las calles que a nadie le hubiera importado morir en la pista mientras actuaba Diana Ross, Chic, Village People. 


Studio 54 fue el vórtice de la cultura de club. Entraban 450 "hermosas y elegidas" almas. El 26 de abril de 1977 además de que el lugar abrió sus puertas, Steve Rubell se ancló al ingreso para filtrar quién entraba. Hizo lo mismo cada noche. A Cher la mandó de vuelta (dice la leyenda que se fue llorando después de decir: “¡Pero si yo soy Cher!”). Gente como uno también podía entrar: bastaba con gustarle a Rubell.


La pista de baile estaba coronada con una reproducción de la mítica figura del Hombre en la Luna (esa extraña cara que sale en la película Viaje a la luna, de George Méliès) con un inhalador de cocaína enorme. Pero la fiesta estaba en el segundo piso, en la que había encuentros sexuales para todos los gustos. Pero la crema, la súper fiesta, era en el sótano. Por ahí pasaban Andy Warhol, Mick JaggerTruman Capote, Mohamed Ali, Dolly Parton, Salvador Dalí, entre otros.

El 4 de febrero de 1980 fue el útimo fiestón de máxima depravación antes de la clausura, cuando se descubrió que Rubell e Schrager habían evadido impuestos por dos millones y medio de dólares. Semanas más tarde, cuando se registró el lugar, encontraron bolsas de basura que escupían billetes y paredes rellenas con sorpresa: cocaína y más dinero. Por supuesto, esto no escandalizó a nadie. Desde su puesta de largo, el 26 de abril de 1977, Studio 54 se había convertido en el club de clubes, la embajada del hedonismo.

Volvió a abrir en 1981, pero, evidentemente, nada fue lo mismo. Fue la última vez que se vio a Steve Rubell antes de que muriera del virus VIH. 

Hoy Studio54 es la sede de Cabaret, musical destacado en la cartelera permanente de musicales en NY. Y por siempre guardará anécdotas e historias que probablemente ni los propios protagonistas recuerden.

Hasta la próxima!


by
Pau Morante

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